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Definición de Ansiedad escolar

La ansiedad escolar es un miedo o angustia intensa y persistente relacionada con el entorno educativo que va más allá de los nervios habituales antes de un examen, afectando significativamente al bienestar emocional y al rendimiento académico del alumno.

Qué es la ansiedad escolar

La ansiedad escolar no debe confundirse con el estrés escolar puntual ni con los nervios normales que todos experimentamos ante una evaluación o exposición oral. Mientras que estos últimos son respuestas temporales y adaptativas, la ansiedad escolar es una respuesta emocional profunda y sostenida en el tiempo que interfiere con la vida cotidiana del estudiante. No se trata simplemente de que un niño «no quiera» ir al colegio por pereza o capricho, sino de una reacción emocional genuina que puede tener orígenes muy diversos: dificultades académicas no resueltas, problemas de relación con compañeros o profesores, situaciones de acoso, cambios familiares significativos, o incluso rasgos de personalidad que hacen al alumno más vulnerable ante la presión. Es importante destacar que esta ansiedad puede manifestarse de formas muy distintas según la edad: mientras un niño de Primaria puede expresarla con llanto y aferrándose a sus padres, un adolescente podría mostrar irritabilidad, aislamiento o somatizaciones físicas difíciles de identificar como ansiedad.

Síntomas clave y señales de alerta

Físicos:

  • Dolores de cabeza o estómago recurrentes, especialmente intensos por las mañanas antes de ir al colegio
  • Fatiga constante o sensación de agotamiento sin causa aparente
  • Problemas de sueño: dificultad para conciliar el sueño, despertares nocturnos o pesadillas
  • Náuseas, mareos o tensión muscular
  • Aceleración del ritmo cardíaco o sudoración excesiva

Emocionales:

  • Preocupación excesiva y desproporcionada por aspectos escolares (notas, opinión de otros, cometer errores)
  • Irritabilidad, cambios bruscos de humor o reacciones emocionales intensas
  • Miedos irracionales relacionados con el colegio o con separarse de los padres
  • Necesidad constante de reafirmación y búsqueda de aprobación
  • Sensación de bloqueo mental o «quedarse en blanco» frecuentemente

Conductuales:

  • Negativa persistente a ir al colegio, con resistencia física o emocional intensa
  • Llanto, rabietas o súplicas antes de salir de casa por las mañanas
  • Evitación sistemática de actividades sociales escolares, excursiones o trabajos en grupo
  • Bajada notable del rendimiento escolar sin que exista una dificultad de aprendizaje diagnosticada
  • Aislamiento social progresivo o abandono de actividades que antes disfrutaba

¿Cuándo debemos preocuparnos?

Debemos prestar especial atención cuando estos síntomas son persistentes (se mantienen durante varias semanas), intensos (provocan un malestar significativo en el niño) y limitantes (interfieren con su capacidad para aprender, relacionarse con sus compañeros o disfrutar de su vida cotidiana). Si observamos que nuestro hijo o alumno presenta varios de estos síntomas de forma continuada, que su bienestar general en casa se ha visto afectado, o que empieza a evitar sistemáticamente situaciones escolares que antes manejaba con normalidad, es el momento de actuar. La intervención temprana, en colaboración entre familia, profesorado y, si es necesario, profesionales especializados, es fundamental para ayudar al estudiante a recuperar su seguridad y bienestar en el entorno educativo.

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