Informe PISA 2025: resultados de España y Andalucía explicados
Qué dicen los resultados de PISA 2025 sobre España y Andalucía, explicados con los datos oficiales del Ministerio de Edu...
Técnicas de estudio para ESO y Bachillerato: guía para estudiar mejor

Hay un momento en el que la frase «he estudiado mucho» deja de significar lo que parece. Vuestro hijo o vuestra hija pasa tres horas con los apuntes, se siente seguro porque «se lo ha leído todo», y el examen sale peor de lo esperado. No es falta de esfuerzo: casi siempre es una cuestión de método.
En este artículo os contamos qué técnicas de estudio funcionan mejor en la ESO y en Bachillerato, cómo se aplican paso a paso, cómo organizar una semana de exámenes y qué podéis hacer en casa sin acabar estudiando por vuestros hijos.
Por qué estudiar más horas no es la solución
Cuando un examen sale mal, la reacción habitual es pensar que hay que estudiar más tiempo. Pero la cantidad de horas explica poco: lo que cambia el resultado es cómo se estudia.
Hay una trampa que conviene conocer. Releer los apuntes o subrayar el libro produce una sensación de dominio muy convincente, porque el texto nos resulta familiar. Pero reconocer algo que tenemos delante no es lo mismo que recordarlo cuando la hoja del examen está en blanco. Estudiar bien consiste en entrenar justo eso último: recuperar la información, no solo volver a verla.
Las técnicas de estudio con mejor respaldo
Un metaanálisis publicado en 2021 por Donoghue y Hattie en la revista Frontiers in Education (puedes consultarlo aquí, en inglés) comparó diez técnicas de estudio a partir de 242 estudios. Las dos más eficaces fueron la práctica distribuida y la práctica de recuperación. Subrayar y resumir, muy extendidas en el aula, fueron las menos eficaces de las diez, aunque con efectos todavía apreciables.
Son dos ideas sencillas, y se pueden aplicar desde mañana.
Repaso espaciado: repartir el estudio en varios días
Consiste en volver a un mismo contenido varias veces, con días de por medio, en lugar de concentrarlo todo en una sola sesión. Si el examen es el viernes, estudiar un tema el lunes, retomarlo el miércoles y repasarlo el jueves funciona mejor que dedicarle cuatro horas seguidas la víspera.
Para ponerlo en práctica:
- Apuntad en un calendario la fecha de cada examen y trabajad hacia atrás.
- Repartid los temas por días y dejad hueco para volver sobre los anteriores.
- Reservad el último día para un repaso general, no para estudiar algo nuevo.
Recuperación activa: preguntarse en lugar de releer
La recuperación activa (active recall, en inglés) consiste en cerrar los apuntes e intentar recordar lo estudiado antes de volver a mirarlos. Es incómoda, porque obliga a descubrir lo que no se sabe, y precisamente por eso funciona.
- Fichas de pregunta y respuesta: la pregunta por una cara y la respuesta o los conceptos clave por la otra.
- Autoexamen: anotar las preguntas que podrían salir en el examen y responderlas en voz alta o por escrito, sin mirar.
- Ejercicios y exámenes anteriores: si el profesorado facilita ejemplos, resolverlos como si fuera el examen real.
- Corregir los errores: entender por qué se falló una respuesta enseña más que acertar diez veces lo que ya se sabía.
Explicar el tema con las propias palabras
Una forma muy eficaz de comprobar si se ha entendido algo es explicárselo a otra persona: un hermano, un amigo, un adulto de casa o incluso al espejo. Si no es posible explicarlo con palabras propias, todavía no se ha entendido del todo, y ahí está justo lo que hay que reforzar.
Cómo organizar la información: esquemas, mapas y resúmenes
Antes de recuperar la información hay que ordenarla. Estas técnicas ayudan a comprender la materia y a ver cómo se relacionan sus partes.
Esquemas
Un buen esquema separa las ideas principales de las secundarias y permite ver el tema de un vistazo. Un método clásico para llegar a él tiene cuatro pasos:
- Una lectura rápida para tener una visión general del tema.
- Una lectura más atenta, marcando solo lo esencial.
- Un esquema con las ideas principales y secundarias.
- Un resumen escrito con palabras propias, y un repaso del esquema en voz alta o por escrito.
Mapas mentales
El tema se escribe en el centro de la página y de él parten ramas con los conceptos principales, que a su vez se subdividen. Resultan especialmente útiles en materias en las que hay que relacionar muchos conceptos, como Historia, Biología o Geografía, y tienen la ventaja de que se pueden hacer a mano, con colores, para que cada rama tenga su identidad.
Método Cornell para los apuntes
Es una forma de organizar los apuntes de clase que se prepara dividiendo la hoja en tres zonas:
- una columna ancha para los apuntes que se toman durante la clase;
- una columna lateral para destacar ideas clave o formular preguntas sobre lo anotado;
- una sección inferior para resumir con pocas líneas lo aprendido.
La columna lateral se convierte después en un banco de preguntas para el autoexamen, así que une la organización de los apuntes con la recuperación activa.
Subrayar y resumir sin copiar
El subrayado tiene sentido solo después de haber entendido el texto, y con muy pocas palabras por frase. Si se subraya todo, no se destaca nada. Con los resúmenes ocurre algo parecido: copiar el temario más corto no es resumir. Resumir es explicar lo mismo con palabras propias y, si es posible, sin mirar el libro.
Cómo organizar el tiempo y la atención
Planificar la semana con metas concretas
«Estudiar Matemáticas» no es una meta: es una intención. Es mucho más útil escribir «resolver seis ejercicios de ecuaciones» o «hacer el esquema del tema 4», porque se sabe cuándo se ha terminado. Dividir las tareas grandes en objetivos pequeños y asignarles un momento concreto del día reduce la sensación de agobio y evita que todo se acumule al final.
Habilidades como la planificación o el control de la atención están todavía en desarrollo durante la adolescencia, así que necesitan práctica y acompañamiento. Si os interesa este punto, lo trabajamos más a fondo en nuestro artículo sobre cómo aprende el alumnado en la adolescencia.
El método Pomodoro
Consiste en dividir el tiempo de estudio en bloques de 25 minutos de trabajo concentrado, seguidos de 5 minutos de descanso. Pasados varios bloques, se hace un descanso más largo. Funciona bien porque convierte una tarea que abruma en tramos cortos y porque el descanso está previsto de antemano, sin necesidad de «escaparse» al móvil.
Concentración: el entorno importa
- El móvil, lejos de la mesa (en otra habitación o en silencio y boca abajo). Que esté a la vista ya distrae.
- Un lugar de estudio ordenado, con buena luz y sin ruido, que se asocie a trabajar.
- Descansos activos: beber agua, estirarse o dar un pequeño paseo, mejor que pasar al móvil.
- Una cosa cada vez: alternar entre materias y mensajes agota la atención.
Los hábitos de gestión del tiempo y el descanso influyen más de lo que parece. Os dejamos también nuestro artículo sobre alimentación y rendimiento escolar.
Cómo preparar una semana de exámenes: plan orientativo
Este es un plan de ejemplo, que cada alumno o alumna puede adaptar a su calendario y a sus materias:
- Una semana antes: hacer una lista de todo el temario, repartir los temas por días y reservar el último para el repaso general.
- Primeros días: estudiar cada tema con esquemas o mapas, y cerrar la sesión con unas preguntas de recuperación.
- Mitad de semana: volver sobre los temas del principio (repaso espaciado) y hacer autoexámenes con ejercicios o preguntas.
- Víspera: repaso ligero de esquemas y fichas, preparar lo necesario para el examen y acostarse a una hora razonable. Estudiar de golpe la noche anterior suele aumentar los nervios sin aportar nada.
- Tras el examen: revisar los errores cuando se entregue la corrección. Es la mejor información que hay para el siguiente.
Si los nervios bloquean al alumno o a la alumna de forma repetida, conviene tratarlos como lo que son y no como falta de ganas. Ayuda aprender técnicas sencillas de relajación y hablarlo con la tutoría. Podéis ampliar información sobre la ansiedad escolar y sobre la acción tutorial en nuestro glosario.
ESO y Bachillerato: qué cambia al estudiar
Las técnicas son las mismas, pero el punto de partida no.
- En la ESO el objetivo principal es construir el hábito: un horario estable, un sitio de estudio, aprender las técnicas básicas y probar cuáles se adaptan mejor a cada persona. La supervisión de la familia es necesaria al principio y debe ir disminuyendo poco a poco.
- En Bachillerato aumenta el volumen de materia, y el estudio pasa de ser sobre todo memorístico a exigir comprender y relacionar. La planificación recae casi por completo en el propio alumnado, por lo que conviene llegar con las técnicas ya consolidadas.
Por eso es buena idea que, ya desde primero de ESO, se vayan practicando el repaso espaciado y la recuperación activa. Cuando llegue el volumen de Bachillerato, el método estará ya hecho.
Cómo ayudar desde casa sin estudiar por ellos
El papel de la familia no es explicar el temario ni hacer los esquemas, sino crear las condiciones para que el estudio funcione:
- Preguntad en lugar de corregir. «¿Me explicas cómo se resuelve este problema?» enseña más que señalar el error.
- Ayudad a planificar, no a hacer. Sentaos un rato a repartir la semana de exámenes con vuestro hijo o vuestra hija, y dejad que sea quien lo ejecute.
- Cuidad el descanso y la alimentación. Dormir poco o saltarse comidas pasa factura a la memoria y a la concentración.
- Acordad las normas del móvil durante las horas de estudio y aplicadlas igual en toda la casa.
- Hablad de cómo se siente. Si el estudio provoca bloqueo o angustia, la parte emocional también cuenta. Os lo contamos en nuestra guía de educación emocional para padres.
- Mantened el contacto con la tutoría. Si veis que se esfuerza mucho y no mejora, cuanto antes se hable, mejor.
Errores frecuentes al estudiar
- Releer los apuntes una y otra vez sin comprobar si se recuerdan.
- Dejar el estudio para los dos o tres días anteriores al examen.
- Estudiar con el móvil al lado, o con notificaciones activadas.
- Copiar el temario y llamarlo «resumen».
- Memorizar sin comprender, algo que funciona poco tiempo y se nota enseguida en preguntas que piden razonar.
- Estudiar primero lo que ya se domina, porque es lo más cómodo, y dejar lo difícil para el final.
Preguntas frecuentes
¿Cuántas horas debe estudiar un adolescente al día?
No hay una cifra válida para todos. Depende del curso, de la carga de tareas y de cada alumno o alumna. Importa más la calidad que la cantidad: si dedica muchas horas y no mejora, conviene revisar el método antes de añadir más tiempo, y consultarlo con la tutoría.
¿Sirve subrayar?
Sirve si se hace después de entender el texto y con moderación, como paso previo a un esquema. Por sí solo, subrayar tiene menos respaldo que las técnicas de repaso espaciado y recuperación activa.
¿Qué técnica de estudio es la mejor?
Ninguna funciona sola ni vale para todas las materias. Una combinación razonable es usar esquemas o mapas para organizar, recuperación activa para comprobar lo que se recuerda y repaso espaciado para fijarlo. Lo recomendable es probar durante unas semanas y quedarse con lo que mejor funcione.
¿Es mejor estudiar en grupo?
Puede ayudar, porque permite intercambiar ideas, debatir conceptos y resolver problemas entre varios. Pero funciona cuando cada persona ha estudiado antes por su cuenta; si no, se convierte en una conversación.
¿Qué hago si estudia mucho y aun así suspende?
Conviene averiguar primero cómo estudia: si solo relee o si se pregunta y se corrige. Después, hablar con la tutoría, que conoce el desempeño en todas las materias y puede orientar. Cuanto antes se aborde, más margen hay para mejorar.
En conclusión
Aprender a estudiar es una habilidad que se entrena, igual que se aprende a leer o a montar en bicicleta. En la ESO y en Bachillerato marca la diferencia entre estudiar muchas horas y estudiar con resultados, y es de las pocas cosas que el alumnado llevará consigo al resto de su vida académica.
Si hay que quedarse con tres ideas: repartir el estudio en varios días, preguntarse en lugar de releer y planificar con metas concretas. Todo lo demás son herramientas para llevarlas a cabo.
Si tenéis cualquier duda, recordad que podéis contactarnos mediante el formulario de contacto más abajo.


